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Septiembre 23, 2005

The great pretender

Esta noche, a las 0:23, ha entrado el otoño. Yo pensaba anunciároslo en el momento preciso de su llegada pero no tenía ganas, a pesar de la victoria del Madrid, aquí estaba, en la misma habitación que ahora, tirado en la cama sin nada que hacer. Como siempre últimamente, el otoño hace acto de presencia a hurtadillas, disimulando y escondido entre los últimos vagones del verano. El sol y la temperatura actúan como estupefacientes para, llegado el momento, cambiar de repente y sumirnos en la nueva realidad sin que tengamos capacidad de respuesta, que nunca la tenemos. Tampoco nos da tiempo a acostumbrarnos, de un golpe seco (frío y seco) y certero nos anuncia que está aquí, que se quedará tres meses en casa, como una mala visita, y que no nos quejemos, cuando él se vaya llegará un huésped mucho peor.
Aquí el otoño es bonito. Empiezan los temblores, la naturaleza, senil y triste, no puede disimular su pronta muerte y las persistentes nieblas atacarán en noviembre para acabar con la ya débil resistencia que mostramos los afectos al calor, en la clandestinidad durante los seis próximos meses.
Es el momento. Los partidarios podéis dar la bienvenida al otoño. Yo voy a adivinar, en los posos del café o en los arcanos, donde me tocará vivir el frío este año (con una pizca de suerte, mi dios particular y juguetón me envía un poquito más abajo).

Paranoid escucha The man who sold the world, de Nirvana (al menos, esta versión)
Paranoid mira por la ventana, ve el sol y sabe que le están engañando
Paranoid está enfadado con el peluquero de al lado de su casa

Posted by Paranoid at Septiembre 23, 2005 01:16 PM

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