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Enero 09, 2005

La máquina del tiempo

Tengo la sensación de haber viajado hacia atrás en el tiempo. Cierro los ojos, me los restriego y cuando los abro nada ha cambiado. Me encuentro en una habitación pequeña, con olor a humedad y con una temperatura que compite a la baja con la del exterior de la casa encalada. Enchufo una antigua estufa oxidada y dos barras incandescentes despiden su fulgor que, a duras penas, consiguen caldear la estancia. Suena un tren (tengo la vía a unos 15 metros). “Es un correo”, dice el viejo, sin desprenderse de la boina incluso en la noche. “Va camino de Lisboa. Lleva años y años pasando a la misma hora. Lo conozco por el ruido que hace la máquina. No me hace falta mirar el reloj”. A continuación, el viejo me da las buenas noches y desaparece afanosamente escaleras arriba. Me hundo en una cama que chirría incluso con mi respiración, me coloco como puedo sobre las gastadas mantas y busco entre mis cedés hasta encontrar el concierto de Pearl Jam que llevo en mi cabeza desde que salí. Es el único signo de modernidad donde el móvil no funciona, la luz se deja la mitad de su voltaje en el camino y una capa de yeso disimula los adobes de las paredes. Los acordes de Alive saltan de neurona en neurona en una sucesión de actos que a mi me parecen casi heréticos cada vez que miro a mi alrededor. “Son, she said, have I got a little story for you. What you thought was your daddy was nothin' but a...”
Aquí todo recuerda a una película costumbrista española. Yo, mientras, escribo este post con un roído bolígrafo de CEPSA sobre una amarillenta hoja de la que los cuadros decidieron descolgarse hace años.

Paranoid desea subir al piso de arriba a calentarse sobre las rescoldos ardientes del brasero.
Paranoid quiere perderse por las estrechas calles de pizarra que muestran un pasado muy próximo.

Posted by Paranoid at Enero 9, 2005 11:17 PM

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