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Diciembre 04, 2004
El hijo de la novia
Yo no sé renunciar. Debí de faltar a clase ese día, no sé, estaría enfermo. Así que desde pequeño siempre he agachado la cabeza y tirado para adelante, incluso cuando todo el mundo me decía que estaba equivocándome. Los ejemplos ya les he contado más de una vez. Repetirlo sería agobiaros.Y creo que así vivir no me ha salido tan mal.
Será que en algún momento -tampoco sé decir cuándo- decidí sólo guiarme por lo que me pidiera el corazón, y no la razón, que está para decidir qué inversión realizar, si en warrants o en opciones, si en un fiamm o en acciones de indra. Pero no para gobernar los sentimientos.
Y tengo miedo. Tengo miedo porque se acercan esos cambios, y no a dos o tres meses, no, están ahí, a una semana, a días, y se acerca el momento de entrar en el despacho de mi jefe, y mientras el enciende un cigarro y me mira esperando que como un corderito acepte su oferta, yo le diga que me marcho.
Y se acerca el momento de echar de menos a mi madre, y a mi padre, y a mi hermana y la televisión y las mopas del pasillo y el olor de la cocina, o los marcos de los cuadros, las tulipas de las lámparas, el polvo de mi cuarto.
Se acerca todo eso y se acerca la incertidumbre de no saber si se estará haciendo lo correcto: llega el momento de lo incierto, como cuando comprábamos los libros de Elige tu propia aventura y optábamos por abrir la puerta y pasar a la página 42, en vez de esperar a nuestros compañeros rezagados y retroceder a la 16.
Sin saber encima de qué nos espera más allá de esa puerta.
Por ahora lágrimas de niño pequeño que se va a dormir.
El Abuelo Cascarrabias ha comido hoy un bocadillo de queso y anchoas.
El Abuelo Cascarrabias sueña con recuperar las fotos de su madre que el tasin borró.
El Abuelo Cascarrabias escucha Lo que dicte el corazón de La buena vida.
Posted by El Abuelo Cascarrabias at Diciembre 4, 2004 02:53 AM