« De iglesias y otros monumentos | Main | Una carta de presentación cualquiera »

Noviembre 30, 2004

Y me la quería perder...

La de ayer se convirtió en una de esas tardes que son difíciles de olvidar. No es que nada de lo que sucedió sea irreparable ni extremadamente grave, pero si puedo afirmar que la concatenación de hechos, más o menos casuales, más o menos inesperados, no se la salta ni el propio Murphy, el catedrático de la mala suerte.
La sobremesa comienza con un sueño mortal, delante de mi ordenador y con la radio puesta. Ese fue el primer error. Aznar no dejaba de taladrar los oídos de los españoles con su jerga académica georgetaniana y ese timbre irónico repleto de altanería. Si ya por su culpa me sentía un criminal (y no, señor juez, le repito que a mi no me llegó ningún mensaje, fui a la caza de la gaviota por propia iniciativa), después de escucharle hoy debería pensar también en que soy estúpido por no votar a su ‘mini yo’, por dejarme influenciar por los hechos reprobables que todos recordamos. Menos mal que aún me queda un mínimo de autoestima, aunque mi barrita indicadora verde desciende por momentos, que me dice que NADIE me indicó que papeleta tenía que coger.
Después se me ocurrió subir a arreglar el aparato infernal, también llamado ordenador, de mi vecino y amigo. Hace unos días instalamos el Windows 98 SE del gran Gates, un sistema demasiado operativo que decidió por sí mismo no funcionar en ese PC. Visto lo visto, ayer le pedimos a su hermano mayor Windows 2000 que nos arreglara el desaguisado. Nos echó una mano, por lo que nos sentimos agradecidos, pero también mostró su faceta de buen samaritano y acogió en el recalentado disco duro al señor Blaster, un pobrecito virus que esperaba a la puerta sólo, frío y desamparado. Una vez dentro se portó como los feriantes de Los Simpsons y se hizo con la casa, pero a este no le sacamos apostando a que metemos el aro en la chimenea. Aprovecho desde aquí para recordar, con respeto, a toda la familia del padre del bichito, sin olvidar, por supuesto, a sus cientos de abuelos y a su libertina madre.
En vista de que nada salía bien, el susodicho amigo desconectado y yo buscamos en el cine la válvula de escape. La elección no pudo ser más acertada, Mar Adentro. La película es excelente, si, pero para subir los ánimos como que no sirve. Aunque sí para reafirmar ideas...
Como fin de fiesta, tras una llamada del todo inintencionada, una señorita muy simpática de una empresa de selección muy profesional me anunció de una manera muy sensible que enhorabuena, que ya no tendría que viajar de nuevo a Vigo a la segunda y definitiva entrevista prometida, que me iba a ahorrar el coste del billete pues ya no iba a conseguir ese puesto de trabajo que graciosamente me habían ofrecido (pretendía ser sarcástico). Todo ello con un tonillo parecido al que se usa al negar una limosna, “perdón, no tengo cambio, mira que lo siento ¿eh? Fíjate que me habías caído bien, a ver si en otra ocasión me pillas con calderilla, majo”. En cuanto a las empresas de selección de personal también reafirmo ideas. Que conste.

En ocasiones así, la mejor terapia se llama De-Loused In The Comatorium, de Mars Volta.

Posted by El Abuelo Cascarrabias at Noviembre 30, 2004 05:44 PM

Comments

El abuelito escucha a REM? uissss jijiji usted perdone, voy a terminar de leerle.
saludos o besos agusto del personal

Posted by: lavecinita at Diciembre 1, 2004 04:58 PM

Post a comment




Remember Me?

(you may use HTML tags for style)