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Noviembre 12, 2004
Ilusiones de ida y vuelta
Un suave rugido anuncia el principio del fin de una ilusión. Tras una pequeña vibración, el rugido se convierte en suave ronroneo que me acompaña durante una eternidad. Minuto a minuto, el paisaje muta su piel en un intento de mostrar la antítesis más absoluta entre el inicio y el fin del trayecto. La eternidad nace entre ría y ría, esas grandes conquistas que las hordas atlánticas lograron arrebatar hace millones de años a los habitantes del fin del mundo. De la sublime belleza marina se pasa, en unos cuantos abrir y cerrar de ojos, a los montes cercenados, repletos de cicatrices que algunos llaman cortafuegos y salpicados aquí y allá por numerosas aldeas, refugios de meigas. Entonces, de repente, todo el verdor que sobrevive a este irreconocible otoño se transforma en aridez, cerros perfectos en la lejanía y tractores hiriendo una tierra de la que meses después manará la sangre en forma de espiga.
Cientos de páginas más tarde y mientras Robe Iniesta me revelaba que yo estaba igual de loco que él, me di cuenta que de nuevo llegaba a mi sitio, a la espera de que se me presente una nueva ilusión que destrozar con cuatro test psicotécnicos.
Hoy me recomiendo a mi mismo Headlong, de Queen.
Posted by El Abuelo Cascarrabias at Noviembre 12, 2004 01:42 AM