Una hora escribiendo y ahora no sé qué titulo poner. Pues así se queda

Abrí mi primer blog a los veinte años, lo que supone que lo hice en 1998. Por entonces desconocía el concepto CMS, el editor de textos que en la actualidad forma parte de la naturaleza de cualquiera que se dedique a generar contenidos, y cada día que publicaba en mi sitio hospedado en Geocities, tenía que modificar el código html.

Es decir: programaba para poder actualizar aquella web, que hacía a pachas con un amigo, Ignacio Laso. Él bajo el sobrenombre de Buffman, y yo bajo el de pollo vengador.

Mi primer artículo, lo recuerdo perfectamente, era sobre Oliver Rodés, la mano que en la sombra gobierna el mundo del agua embotellada.

¿Quieres abrir una empresa de agua embotellada, amigo? Primero pasa por el filtro -nunca mejor dicho- de Oliver Rodés… El laboratorio encargado de llevar a cabo los análisis de prácticamente el cien por cien de las marcas del sector. Si no tienes ni pajorera idea de qué estoy hablando, coge cualquier botella de agua, echa un vistazo a la etiqueta, y descubre quién ha analizado si hay 0,02 gramos de sodio por litro, o 0,003.

Oliver Rodés.

Gracias a Manuel Bartual, por entonces bajo el pseudónimo de Fluzo y después famoso por sus cómics y su historia viral de twitter, descubrí movable type, el primer CMS que utilicé. Creo que aún no estaba en Barcelona, vivía en Aranda de Duero. Llegué a parar a Zonalibre (acabo de descubrir que sigue funcionando), y allí abrí Caldo de Gallina. Se me unió Judit, que por entonces trabajaba como periodista en Cuenca.

Conocí a bloggeros, algunos de ellos se quedaron por el camino, y algunos a base de trabajo y constancia, llegaron a hacerse un hueco dentro del emergente nicho de la generación de contenidos. Las empresas lo miraban escépticas, pero estaba claro que había venido para quedarse.

Colaboré en revistas, fundé la mía, sobre música, abrí otrodiademierda.com…

Cuando en 2015 llegué a Planeta Triatlón, que siempre digo que nació como una consecuencia, no quiero ni contar la de horas que llevaba delante de la pantalla escribiendo. Y eso sin tener en cuenta que antes de internet, mi primer diario lo abrí con doce años y que de los 17 a los 20 escribía en Wordperfect primero y en Word después todos los días. Imprimía, archivaba en físico y borraba. Del ordenador.

No sé dónde estarán aquellos archivadores en la actualidad. Ojalá estuvieran en el trastero de mis padres…

¿Dónde quieres llegar, Diego? Llevas diez párrafos y parece que no terminas de arrancar.

Ser bueno en algo no es pasión, es un curro que te cagas a lo largo de años

Llego a que estoy leyendo Hazlo tan bien que no puedan ignorarte, del bueno de Cal Newport, y una vez más tengo una revelación. Me apasiona el triatlón, me puedo pasar el día hablando de triatlón, pero soy un cero a la izquierda practicando triatlón. ¿Curioso? Sí, sin duda.

Poca gente conozco con tan poca constancia a lo largo del tiempo en lo que concierne al entrenamiento: me motivo, entreno, me surgen problemas, o me surgen cargas de trabajo imprevistas, y lanzo por la borda todo lo hecho en meses anteriores. Y vuelta a empezar.

Sin embargo… con la escritura es otro cantar. Pídeme que haga un texto, que soy el tío más feliz sobre la faz de la tierra.

Pedro Pale, redactor en Planeta Triatlón, siempre me dice que él nunca podrá hacer los artículos de actualidad como yo, en apenas quince minutos. Y a mí se me hace raro, muy raro: ¿eres periodista y aficionado al triatlón, y no puedes hacer con los ojos cerrados una noticia sobre Jan Frodeno, Daniela Ryf o Antonio Benito?

(Vaya aquí un emoji encogiendo los hombros)

Con la lectura del libro, me doy cuenta de que sí, que es posible. Con los becarios que entran en Tilde Comunicación, Judit y yo muchas veces comentamos que, pese a estar a punto de terminar Periodismo -o como se llame ahora la carrera, que me lío con tantos cambios-, apenas tienen un bagaje previo que haga que, cuando llegan a las prácticas, sepan escribir bien. De hecho, en muchas ocasiones dudo de que les guste escribir. Sí, quieren hablar de fútbol, o de política, de lo que sea, pero no quieren escribir.

Quizás como me ocurre a mí con el triatlón.

Planeta Triatlón está donde está no porque a mí me guste el triatlón, que sí, me gusta, me apasiona, insisto. Pero está porque hay un camino de casi treinta años escribiendo sin parar, porque juntamos letras preocupándonos porque fuese un artículo publicable en cualquier medio de gran tirada. Y eh, que nos preocupamos por no cometer faltas de ortografía. Que en la actualidad ya es un éxito.

Pongamos Triatlón Channel como ejemplo de la antítesis de lo que veo en casa: nadie duda que Parrita sea uno de los tíos que más conocimiento tiene sobre el deporte a nivel nacional, de los que más apasionados son, pero no ha escrito treinta años de su vida. Y se nota, y es vox populi que «hay que quererle así»: con sus textos deslavazados, con sus faltas de ortografía y su contenido de apenas dos o tres párrafos donde se podría hacer perfectamente una noticia de 750 palabras cargada de valor.

La comparación es clara: a la hora de comunicar, el factor que hace que «seas tan bueno que no puedan ignorarte», no es saber sobre la materia, si no saber explicar la materia. Básicamente porque tanto Planeta Triatlón como Triatlón Channel son medios de comunicación.

Conclusión (ya era hora, Diego)

Tras tantos párrafos espero que, si habéis llegado hasta este punto, empecéis a intuir por dónde va el core de esta publicación: la pasión está muy bien, puede que nos motive, pero no tiene absolutamente nada que ver con ser bueno, y de hecho, como explica Cal Newport en su libro, dejarnos guiar por la pasión puede que sea contraproducente.

¿Quieres ser bueno en algo? Practica diez mil horas, como decía Malcolm Gladwell, y después, además de disfrutar un quintal de lo que haces, encima tendrás trabajo a raudales. Y éxito, claro.

Disclaimer: treinta años escribiendo, sí, pero en lo de la concisión aún hay lagunas…

Diagrama para solucionar problemas (y dramas)

Llevo del orden de veinte minutos encontrando tareas inútiles (léase revisar las estadísticas de youtube, el timeline de twitter y la sección de posiciones bien rankeadas de Semrush) con tal de no ponerme con la tarea que realmente quiero hacer, que es comenzar a escribir este texto. Reconozco que también me pasó ayer.

Lo que básicamente es procrastinar, vamos.

En los últimos meses estoy leyendo muchos libros que se centran en la productividad (ya os compartiré mis preferidos), o más que en ésta, en la buena gestión del tiempo (que lo mismo la solución a todos los males es simplemente tirarse a la bartola a ver la vida pasar), y constantemente me doy cuenta de cuánto tiempo llego a perder al día escaqueándome de las tareas.

Como empresario, tengo claro que el coste de oportunidad de una hora de mi trabajo es mucho mayor del que sería si fuese empleado. Y en cambio, en muchas ocasiones, más que en tareas estratégicas, cuya rentabilidad puede suponer un salto cuantitativo y cualitativo, me pierdo en hacer un artículo para Planeta Triatlón, en revisar los guiones de los vídeos de un cliente, o en mirar si me ha llegado al mail algún correo súper importante.

Chorradas.

En mi listado de pendientes tengo una serie de decisiones drásticas a las que enfrentarme, que van mucho más allá de la que tomé hace unas semanas de reducir el uso de Whatsapp a apenas quince minutos al día (ya hablaré de ello largo y tendido), que pasan por instalar -la versión de pago- de Freedom, diseñar una estrategia de filtrado de correos (para no ahogarme entre mails de dudosa utilidad) o dejar por escrito una política de delegación de tareas en mi equipo.

Quizás ponerlo por escrito lo haga más sencillo, menos voluble y más aterrizado. Al fin y al cabo es una de las grandes recomendaciones que haría a cualquiera que esté procrastinando, o que se sienta frustrado ante algún aspecto que, sin darse cuenta, le paraliza: ponlo por escrito, siéntate y ante un folio en blanco (la recomendación incluye también el old fashioned puño y letra), diseña tu propio canva de qué ocurre y cómo crees que se puede solucionar.

¿Hago la recomendación de cómo haría yo ese canva?

Venga, Diego, vamos al lío, y me pongo hasta con un H2 diferente:

¿Cómo diseñar un diagrama para solucionar problemas?

Si yo me sentase a analizar la situación, y lo escribiese por escrito, en mi diagrama para solucionar problemas haría tres columnas:

  • PROBLEMA: ¿Qué problema me preocupa?
  • RAZÓN: ¿Cuáles son las razones del problema?
  • SOLUCIÓN: ¿Qué soluciones se me ocurren a mí?

Puesto así parece muy esquemático (problema, razón, solución), pero el análisis es más profundo. De hecho, en un problema puede haber varias razones, que derivan en varias soluciones.

Ejemplo: Estoy atiborrándome a galletas oreo desde hace una semana.

  • Problema: Estoy poniéndome fino filipino a galletas oreo; cada vez que me siento delante del ordenador a trabajar, me levanto, voy al armario y dos galleticas pal’gaznate.
  • Razón: En primer lugar, si me paro a hacer un acto de fe, es por el viaje que tengo la semana que viene, del que no tengo absolutamente nada preparado. Pero hay más (segunda fila dentro de la columna), tengo tres clientes a los que llamar y no me apetece absolutamente nada. Y en tercer lugar (tercera fila), me duele la rodilla y eso me imposibilita hacer deporte. Para satisfacerme, o para engañarme, como las oreo. Total, no voy a poder entrenar…
  • Solución: En el caso del viaje, lo que tendría que hacer es bloquearme mañana dos horas de trabajo, que las tengo porque la jornada es sencilla, y planificar qué me espera en el viaje en cuestión. En segundo lugar, en cuanto a los clientes, la pregunta es: ¿cuál de las llamadas es la más importante? Dado que voy a tener que hacerlas, y como dice el libro, comerse el sapo. Planificaré la primera para mañana por la mañana, a tal hora en concreto. Para obligarme, voy a escribir al cliente y confirmarle que le llamaré a tal hora. A partir de ahí, las otras dos las haré mucho más liberado, así que creo que serán sencillas. En cuanto al tercer punto, la rodilla: ¿fisio? ¿estiramientos? ¿medicación? Pediré hora a mi fisioterapeuta, que es lo más agradecido, y en función de lo que me diga, actuamos.

Como veis, el proceso de un diagrama para solucionar problemas es muy sencillo, y en muchos casos en apenas diez minutos ordenaremos las ideas de tal manera que el problema, desmenuzado, parezca mucho más sencillo de lo que aparentemente era, y con la situación bloqueante que nos estaba generando.

Continúa haciendo lo que estabas haciendo

Por otro lado, cuando nos surjan todas esas situaciones bloqueantes, sigue haciendo la tarea con la que estabas. Os voy a poner otro ejemplo, al redactar este artículo, tengo la tendencia innata y natural de dejar la línea con la que estoy, que lo mismo me estaba costando más que las anteriores, y me subo «a revisar los primeros párrafos».

¿Qué es eso? Nuestro cerebro, que para eludir la tarea de pensar la frase perfecta que queremos poner a continuación, nos inventa otra vistiéndola de obligación. Extrapolad esto a lo que comentaba al principio: revisar el correo cuando no toca, hacer un artículo para vuestra web o levantarse a fregar los restos del desayuno en vez de enfrentarnos a una tarea que nos apetece un mojón.

Continúa, no pares, y en última instancia cogerás el hábito de «siempre terminar lo que empiezas».

Os suena la frasecita de marras de los tests psicológicos que nos hacían de pequeños, ¿eh?

Que escribas, coño

Hoy me han quitado una muela. La del juicio. La de la izquierda. Abajo. La 38, según el señor odontólogo que ha practicado la cirugía.

Que supongo que no importa un mojón pero me parecía una manera curiosa, cuando menos, de inaugurar este pantano.

No sé muy bien para qué he abierto un dominio personal en el que intentar escribir de manera recurrente (en esta frase en sí puede que esté la razón), pero no voy a plantearme mucho más allá de lo que llegue en el día. Reflexiones, pensamientos sobre el trabajo, sobre la vida, sobre el deporte y la manera que tenemos de enfrentar, lidiar y pelear con lo que nos toca a cada uno de nosotros: un día hablaré de productividad, otro debatiré conmigo mismo sobre todas las cosas que hago mal por si a alguien le sirven de ejemplo (de lo que no hay que hacer) y otras me dedicaré a contar la primera chorrada que se me venga a la cabeza y que quien me leáis os tendréis que tragar con papas.

Ya lo siento.

De una manera u otra, creo que dedicar un tiempo al día a escribir, quince o veinte minutos, es sano, muy sano: vivimos en la sociedad líquida, la del BANI mejor que el VUCA, la del corto plazo y la pérdida de atención, y en ese contexto sentarse delante de una pantalla en blanco, con la mirada fija en el promt que no para de tintinear, es la mejor manera de quedarse anclado, por un rato, a lo que hay dentro de nosotros.

Y no solo ayuda a hacer el ejercicio de introspección que de manera diaria todos tendríamos que hacer, no: también sirve para frenar en seco esa velocidad que toma nuestro entorno. ¿Quieres una vida más tranquila, sosegada, y en la que no tengas la sensación de surfear una ola de la que puedes caerte en cualquier momento? Coge el mando, frena el tiempo, escribe.

En ese impasse que dediques a las teclas, ten por seguro que lo que hay a tu alrededor irá mucho más despacio: no te preocupará si han llegado correos electrónicos, si tienes menciones en Instagram, si tienes cuatro WhatsApps pendientes de responder.

Porque, en el fondo, dedicándote ese tiempo a ti aprendes que nada de lo que pasa, y que nos han vendido como urgente, tiene realmente mucha importancia.

Como la muela. Ha pasado cuarenta y tres años conmigo y a la hora de la verdad no me ha importado una mierda que la hayan partido, fraccionado y astillado para quitármela.

Un problema menos.