Kona 2022 Día 1

Cansancio, sueño, dolor de cervicales y jetlag. Falta adaptarse al calor, a la humedad, a las doce horas de diferencia horaria que hacen que cualquier conversación con España sea ridícula, los precios son desorbitados y vamos con la lengua afuera a todos los sitios.

Pero joder, cómo echaba de menos ésto. Y cómo echaba de menos encontrarme con Carlos Vives, Ricard Balaguer, Fernando Barahona de Andrés y toda la gente con la que viví 2017, 2018 y 2019.

En mi primer desfile de las banderas la gente me miraba con cara de «y este quién narices es», y hoy gente que se ha partido los cuernos por clasificar, pidiéndole una foto a un pavo -yo- qué difícilmente baja de las doce horas en un larga distancia.

Puto Youtube, cómo dimensiona a gente que no nos lo merecemos.

Diego Rodríguez escucha el ordenador de Omar exportando el vídeo de hoy.
Diego Rodríguez sueña con dormir de un tirón esta noche.
Diego Rodríguez ha comido la tradicional Sunset burguer en Lava Java.

¿Se puede no hacer actividad comercial?

En muchas ocasiones pienso que, desde que salí del banco, he dejado de hacer algo que tenía automatizado en mi jornada de trabajo: la actividad comercial.

Trabajando en banca corporativa como trabajaba, el ochenta por ciento de la jornada podía estar, perfectamente, dedicada a intentar incrementar el volumen de negocio con clientes ya existentes, y a abrir nuevas vías con otros que no lo eran.

Curiosamente, en Tilde Comunicación, o más focalizado en Planeta Triatlón, es algo que hice en el primer año -en el que ya mis ingresos dependían de su buen volumen de facturación-, pero reconozco que con el paso de los años es una área a la que he tenido la suerte de no verme obligado a dedicarle tiempo de manera efectiva.

O sí, pero de una manera que ni yo mismo me doy cuenta.

Soy consciente de que la relevancia de la revista en 2022 es muy distinta a la de 2017. Por entonces teníamos, como medio, un gran déficit frente a la competencia: otras revistas nos llevaban años de ventaja, y era labor nuestra demostrar que habíamos llegado para cambiar el status quo y demostrar que las cosas podían hacerse de otra manera.

En este contexto, sí que listé una amplia serie de empresas a las que quería darme a conocer. Ahora, viéndolo con retrospectiva, creo que no segmenté bien y disparé sin ton ni son, sin miedo a nada (llegué a reunirme con CocaCola, para que veáis la dimensión), y que de haberlo hecho en la actualidad me hubiera cuidado muy mucho de a quién contactar.

Hoy por hoy tengo la suerte de que grandes players del sector han llamado a mi puerta. Supongo que el canal de Youtube es un atractivo importante, y que, como me decía Juanan Fernández hace unos días nos preocupamos por constantemente estar actualizados con qué merece la pena contar y cómo contarlo.

No obstante, creo que, estando a principios de octubre como estamos, este año sí querría ponerme en la agenda desarrollar una estrategia comercial para 2023: decidir en qué clientes me gustaría entrar, y cómo llegar a ellos de manera natural y sin fricciones. El que sea orgánico, aunque buscado, es para mí algo clave.

¿Por qué? Pues porque básicamente en la agencia es lo que se viene haciendo: vender sin darnos prácticamente cuenta y de manera natural.

Explícate, Diego: ¿en Tilde Comunicación, qué?

Hace unas semanas, en este contexto del «no estoy haciendo actividad comercial con nuevos clientes», hablaba con Luis y Fernando de Duonex, extrapolándolo a Tilde Comunicación.

Afortunadamente contamos con una cartera de clientes amplia y relevante, que incluye importantes empresas del sector inmobiliario, fondos de inversión, administración pública, empresas industriales y eventos deportivos.

Sin embargo, en Castilla y León, donde estamos ubicados y donde generamos valor como empresa, no tenemos la sensación de tener un peso importante a nivel «conocimiento por parte del tejido empresarial». Exceptuando un par de clientes B2B, apenas contamos con bagaje.

Para ponerlo en perspectiva hay que tener en cuenta que en plantilla somos ocho personas, lo que puede ubicarnos dentro de la región entre posiblemente una de las cinco con más volumen de trabajo.

Y para recordar un momento en el que Judit o yo hayamos mandado un correo o levantado el teléfono para abrir una nueva oportunidad de negocio hay que retrotraerse mucho en el tiempo.

¿Es esto bueno? Lo dudo. Creo que toda empresa, sea del tipo que sea, ha de estar activa en de manera constante en la generación de negocio, dado que vivimos en un entorno de incertidumbre que hace que sea una responsabilidad cubrirse ante imprevistos.

Pero si me paro a reflexionar, creo que en el fondo sí hacemos actividad comercial, y mucha.

Porque tejemos relaciones, y tenemos la gran suerte de que nuestros contactos en las empresas nos referencian o, cuando cambian de empresa, quieran continuar trabajando con nosotros.

Sin darnos cuenta, creo que contamos con prescriptores de relevancia que hacen que cada año surjan nuevas oportunidades de negocio.

Me gustaría decirlo con la boca pequeña, pero por mucho que me esfuerce va a sonar pretencioso de todas las maneras: creo que eso dice bastante a nuestro favor.

Por otro lado, no vendas lo que no tienes, o lo que no eres

Judit, que siempre digo que me da mil millones de vueltas en lo que se refiere a visión empresarial, tiene una frase que define la naturaleza de cómo nos planteamos nuestro trabajo con clientes: «nos gustan las cosas a largo plazo», lo que permite que dedicándonos como nos dedicamos a los contenidos digitales, podamos ser muy francos, sinceros y humildes con ellos.

Nuestra labor es de pico y pala (sabiendo dónde picar y dónde meter la pala, está claro), de tener paciencia, conocimiento, y tratar de involucranos lo máximo posible: las empresas nos externalizan su labor de contar al mundo qué hacen y qué quieren, y eso supone que estemos muy de su lado. Ni vendemos humo, ni somos pretenciosos.

Quizás esa manera de ser, que Judit dice que es muy castellana, nos haya hecho perder oportunidades ante otras agencias -muy de Madrid, he de decir- que te venden el oro y el moro con presentaciones powerpoint preciosas. Pero entonces no seríamos nosotros, y al fin y al cabo esas cosas se notan.

El ADN es el ADN. O dicho de manera mucho más mundana, la cabra siempre tira al monte. Y por mucho humo que vendas, lo que tendrás serán clientes que te compran, se dan cuenta de que se equivocaron, y no querrán verte en la vida.

Diego Rodríguez escucha Saturday Night de Whigfield.
Diego Rodríguez sueña con darse una buena ducha al llegar a Kona.
Diego Rodríguez ha comido una hamburguesa en el aeropuerto de Maui.

En algún punto entre Madrid y Charlotte

Según el mapa de vuelo de la pantalla del avión, ahora mismo me encuentro en un punto indeterminado, en pleno Atlántico, entre Ponta Delgada y la Zona de Disyunción Charlie-Gibbs. Para mí que es un nombre inventado.

Salí del aeropuerto Adolfo Suárez Vodafone Madrid-Barajas Kalia OxiAction a las once de la mañana, y ahora mismo aún falta cinco horas y trece minutos para llegar a Charlotte, primera escala del viaje a Kona.

Otro año que voy a cubrir el Campeonato del Mundo de IRONMAN, y con éste, ya serán cuatro ediciones. En 2017, aún trabajando en banca, me parecía un sueño; en 2018, junto a JuanP, ya tocó trabajar -Crown Sport Nutrition, ASICS, Trifanatics y Zone3, aún lo recuerdo-; y en 2019 fui de los afortunados que vio entrar a Jan Frodeno en meta haciéndose con su tercer título.

Ir a la isla es ir a la meca triatlón, y me da igual si quien me lee es aficionado a la corta o a la larga distancia. Nuestro deporte nació allí, y creo que, pudiendo tener la capacidad financiera para permitírselo, habría que ir al menos una vez en la vida -al menos a verlo-, porque no deja de ser un puto espectáculo. Otra cosa es que languidezca y todo apunte a que tenga los días contados.

IRONMAN tiene inversores, que toman decisiones, y se vislumbra que en alguna edición, no muy lejana, se decida rotar la sede igual que se hizo hace algo más de una década con el Campeonato del Mundo de IRONMAN 70.3, que se venía celebrando desde sus principios en Clearwater, Florida.

Y no pasará nada.

Kona está por morir, pero no aquellos que piensan que no hay nada más importante que Kona (pobrets meus)

Quizás en algún momento dado convendría que la prueba, tal como la conocemos, pierda toda esa mística que la nostalgia y el ego -porque buscar clasificar para el Campeonato del Mundo de IRONMAN no es más que una cuestión de ego-, quieren mantener.

Ayer, en Strava, un amigo -sin maldad ninguna, por supuesto-, criticó de manera subrepticia los ritmos a los que había entrenado. Soy un señor lento, que en parte ha perdido las motivaciones para mejorar, y que trata simplemente de disfrutar de cada entrenamiento. Que ya me parece un éxito.

En ese contexto, creo que estoy en una batalla personal contra todos aquellos que piensan que si no corres rápido, pedaleas rápido o nadas rápido, es lícito mirarte desde una posición de preponderancia, como con desdén, o con cierto paternalismo. Cuando creé Planeta Triatlón lo hice porque precisamente pensaba que el popular de a pie no tenía una revista en la que sentirse identificado, que todo era información sobre pruebas que mirar desde la distancia, sin un sentimiento de pertenencia.

Supongo que por entonces, allá en 2015, fue una de las razones por las que tuvimos éxito. Además de lo que contaba hace unos días de los treinta años escribiendo, y saberme rodear de gente que también tenía como máxima escribir bien, el aporte de valor de Planeta Triatlón fue saber crear una comunidad de afines, de gente que se sentía representada con lo que contábamos y cómo lo contábamos.

Siete años después obviamente ha habido cambios en la revista, pero sigo pensando que la razón de ser del medio es escribir para todos aquellos que hacen malabares para meter un entrenamiento entre trabajo y familia, que fallan, que al día siguiente se dicen a sí mismos «venga, va, sal aunque te dé pereza», y van y salen.

Soy de los que prefiere una cerveza con los amigos, o estar tirado en el sofá viendo Manzana y cebolleta con mi hija, a un entrenamiento que no me apetece hacer. Por fortuna, en estos momentos hay pocas sesiones que no me apetezca hacer; las hago, pero después no me preocupo por si en la cena ha habido déficit calórico o no.

Es un puto hobby, recordémoslo.

Aprecio a los que miden absolutamente todo y priorizan entrenamiento ante otros aspectos de su vida -no entiendo clasificar para el Campeonato del Mundo de IRONMAN de otra manera, soy consciente de todo el esfuerzo que supone-, pero no estoy en su bando. Y mucho menos en el de aquellos que tratan de hacer comulgar con sus ruedas de molino de «si no corres deprisa es porque no entrenas bien, o no le pones interés».

No: hay gente que somos lentos y nos da completamente igual serlo. ¿Que quisiera correr rápido? Por supuesto, sería un cínico si lo negase, pero no es para nada una prioridad. Disfrutar sí. Y ver amanecer cada mañana, ahora ya con frío, mientras troto o ruedo con la gravel, y volver a casa a las ocho sabiendo que por la tarde podré jugar con mi hija, también.

Diego Rodríguez escucha Corazón latino de David Bisbal (se me ha metido en la cabeza, no ha sido elección).
Diego Rodríguez sueña con llegar ya a Kona.
Diego Rodríguez ha comido una hamburguesa vegetal del Burguer King a las nueve de la mañana.

Yo tengo 44 y tú eres casi una menor…

Hoy he cumplido 44 años. He tenido dolor de muelas. Y he visto Tadeo 3 con Judit y Julia. Y me he bebido una cocola de 750ml. Y he corrido. Y he visto Elvis.

Y ya soy consciente de que le he dado la vuelta al jamón.

Diego Rodríguez escucha Treinta y tres de La Costa Brava.
Diego Rodríguez sueña con dejar de tener dolor de muelas.
Diego Rodríguez ha comido del chino, que lo ha pedido Judit para cenar.

Una hora escribiendo y ahora no sé qué titulo poner. Pues así se queda

Abrí mi primer blog a los veinte años, lo que supone que lo hice en 1998. Por entonces desconocía el concepto CMS, el editor de textos que en la actualidad forma parte de la naturaleza de cualquiera que se dedique a generar contenidos, y cada día que publicaba en mi sitio hospedado en Geocities, tenía que modificar el código html.

Es decir: programaba para poder actualizar aquella web, que hacía a pachas con un amigo, Ignacio Laso. Él bajo el sobrenombre de Buffman, y yo bajo el de pollo vengador.

Mi primer artículo, lo recuerdo perfectamente, era sobre Oliver Rodés, la mano que en la sombra gobierna el mundo del agua embotellada.

¿Quieres abrir una empresa de agua embotellada, amigo? Primero pasa por el filtro -nunca mejor dicho- de Oliver Rodés… El laboratorio encargado de llevar a cabo los análisis de prácticamente el cien por cien de las marcas del sector. Si no tienes ni pajorera idea de qué estoy hablando, coge cualquier botella de agua, echa un vistazo a la etiqueta, y descubre quién ha analizado si hay 0,02 gramos de sodio por litro, o 0,003.

Oliver Rodés.

Gracias a Manuel Bartual, por entonces bajo el pseudónimo de Fluzo y después famoso por sus cómics y su historia viral de twitter, descubrí movable type, el primer CMS que utilicé. Creo que aún no estaba en Barcelona, vivía en Aranda de Duero. Llegué a parar a Zonalibre (acabo de descubrir que sigue funcionando), y allí abrí Caldo de Gallina. Se me unió Judit, que por entonces trabajaba como periodista en Cuenca.

Conocí a bloggeros, algunos de ellos se quedaron por el camino, y algunos a base de trabajo y constancia, llegaron a hacerse un hueco dentro del emergente nicho de la generación de contenidos. Las empresas lo miraban escépticas, pero estaba claro que había venido para quedarse.

Colaboré en revistas, fundé la mía, sobre música, abrí otrodiademierda.com…

Cuando en 2015 llegué a Planeta Triatlón, que siempre digo que nació como una consecuencia, no quiero ni contar la de horas que llevaba delante de la pantalla escribiendo. Y eso sin tener en cuenta que antes de internet, mi primer diario lo abrí con doce años y que de los 17 a los 20 escribía en Wordperfect primero y en Word después todos los días. Imprimía, archivaba en físico y borraba. Del ordenador.

No sé dónde estarán aquellos archivadores en la actualidad. Ojalá estuvieran en el trastero de mis padres…

¿Dónde quieres llegar, Diego? Llevas diez párrafos y parece que no terminas de arrancar.

Ser bueno en algo no es pasión, es un curro que te cagas a lo largo de años

Llego a que estoy leyendo Hazlo tan bien que no puedan ignorarte, del bueno de Cal Newport, y una vez más tengo una revelación. Me apasiona el triatlón, me puedo pasar el día hablando de triatlón, pero soy un cero a la izquierda practicando triatlón. ¿Curioso? Sí, sin duda.

Poca gente conozco con tan poca constancia a lo largo del tiempo en lo que concierne al entrenamiento: me motivo, entreno, me surgen problemas, o me surgen cargas de trabajo imprevistas, y lanzo por la borda todo lo hecho en meses anteriores. Y vuelta a empezar.

Sin embargo… con la escritura es otro cantar. Pídeme que haga un texto, que soy el tío más feliz sobre la faz de la tierra.

Pedro Pale, redactor en Planeta Triatlón, siempre me dice que él nunca podrá hacer los artículos de actualidad como yo, en apenas quince minutos. Y a mí se me hace raro, muy raro: ¿eres periodista y aficionado al triatlón, y no puedes hacer con los ojos cerrados una noticia sobre Jan Frodeno, Daniela Ryf o Antonio Benito?

(Vaya aquí un emoji encogiendo los hombros)

Con la lectura del libro, me doy cuenta de que sí, que es posible. Con los becarios que entran en Tilde Comunicación, Judit y yo muchas veces comentamos que, pese a estar a punto de terminar Periodismo -o como se llame ahora la carrera, que me lío con tantos cambios-, apenas tienen un bagaje previo que haga que, cuando llegan a las prácticas, sepan escribir bien. De hecho, en muchas ocasiones dudo de que les guste escribir. Sí, quieren hablar de fútbol, o de política, de lo que sea, pero no quieren escribir.

Quizás como me ocurre a mí con el triatlón.

Planeta Triatlón está donde está no porque a mí me guste el triatlón, que sí, me gusta, me apasiona, insisto. Pero está porque hay un camino de casi treinta años escribiendo sin parar, porque juntamos letras preocupándonos porque fuese un artículo publicable en cualquier medio de gran tirada. Y eh, que nos preocupamos por no cometer faltas de ortografía. Que en la actualidad ya es un éxito.

Pongamos Triatlón Channel como ejemplo de la antítesis de lo que veo en casa: nadie duda que Parrita sea uno de los tíos que más conocimiento tiene sobre el deporte a nivel nacional, de los que más apasionados son, pero no ha escrito treinta años de su vida. Y se nota, y es vox populi que «hay que quererle así»: con sus textos deslavazados, con sus faltas de ortografía y su contenido de apenas dos o tres párrafos donde se podría hacer perfectamente una noticia de 750 palabras cargada de valor.

La comparación es clara: a la hora de comunicar, el factor que hace que «seas tan bueno que no puedan ignorarte», no es saber sobre la materia, si no saber explicar la materia. Básicamente porque tanto Planeta Triatlón como Triatlón Channel son medios de comunicación.

Conclusión (ya era hora, Diego)

Tras tantos párrafos espero que, si habéis llegado hasta este punto, empecéis a intuir por dónde va el core de esta publicación: la pasión está muy bien, puede que nos motive, pero no tiene absolutamente nada que ver con ser bueno, y de hecho, como explica Cal Newport en su libro, dejarnos guiar por la pasión puede que sea contraproducente.

¿Quieres ser bueno en algo? Practica diez mil horas, como decía Malcolm Gladwell, y después, además de disfrutar un quintal de lo que haces, encima tendrás trabajo a raudales. Y éxito, claro.

Disclaimer: treinta años escribiendo, sí, pero en lo de la concisión aún hay lagunas…

Diagrama para solucionar problemas (y dramas)

Llevo del orden de veinte minutos encontrando tareas inútiles (léase revisar las estadísticas de youtube, el timeline de twitter y la sección de posiciones bien rankeadas de Semrush) con tal de no ponerme con la tarea que realmente quiero hacer, que es comenzar a escribir este texto. Reconozco que también me pasó ayer.

Lo que básicamente es procrastinar, vamos.

En los últimos meses estoy leyendo muchos libros que se centran en la productividad (ya os compartiré mis preferidos), o más que en ésta, en la buena gestión del tiempo (que lo mismo la solución a todos los males es simplemente tirarse a la bartola a ver la vida pasar), y constantemente me doy cuenta de cuánto tiempo llego a perder al día escaqueándome de las tareas.

Como empresario, tengo claro que el coste de oportunidad de una hora de mi trabajo es mucho mayor del que sería si fuese empleado. Y en cambio, en muchas ocasiones, más que en tareas estratégicas, cuya rentabilidad puede suponer un salto cuantitativo y cualitativo, me pierdo en hacer un artículo para Planeta Triatlón, en revisar los guiones de los vídeos de un cliente, o en mirar si me ha llegado al mail algún correo súper importante.

Chorradas.

En mi listado de pendientes tengo una serie de decisiones drásticas a las que enfrentarme, que van mucho más allá de la que tomé hace unas semanas de reducir el uso de Whatsapp a apenas quince minutos al día (ya hablaré de ello largo y tendido), que pasan por instalar -la versión de pago- de Freedom, diseñar una estrategia de filtrado de correos (para no ahogarme entre mails de dudosa utilidad) o dejar por escrito una política de delegación de tareas en mi equipo.

Quizás ponerlo por escrito lo haga más sencillo, menos voluble y más aterrizado. Al fin y al cabo es una de las grandes recomendaciones que haría a cualquiera que esté procrastinando, o que se sienta frustrado ante algún aspecto que, sin darse cuenta, le paraliza: ponlo por escrito, siéntate y ante un folio en blanco (la recomendación incluye también el old fashioned puño y letra), diseña tu propio canva de qué ocurre y cómo crees que se puede solucionar.

¿Hago la recomendación de cómo haría yo ese canva?

Venga, Diego, vamos al lío, y me pongo hasta con un H2 diferente:

¿Cómo diseñar un diagrama para solucionar problemas?

Si yo me sentase a analizar la situación, y lo escribiese por escrito, en mi diagrama para solucionar problemas haría tres columnas:

  • PROBLEMA: ¿Qué problema me preocupa?
  • RAZÓN: ¿Cuáles son las razones del problema?
  • SOLUCIÓN: ¿Qué soluciones se me ocurren a mí?

Puesto así parece muy esquemático (problema, razón, solución), pero el análisis es más profundo. De hecho, en un problema puede haber varias razones, que derivan en varias soluciones.

Ejemplo: Estoy atiborrándome a galletas oreo desde hace una semana.

  • Problema: Estoy poniéndome fino filipino a galletas oreo; cada vez que me siento delante del ordenador a trabajar, me levanto, voy al armario y dos galleticas pal’gaznate.
  • Razón: En primer lugar, si me paro a hacer un acto de fe, es por el viaje que tengo la semana que viene, del que no tengo absolutamente nada preparado. Pero hay más (segunda fila dentro de la columna), tengo tres clientes a los que llamar y no me apetece absolutamente nada. Y en tercer lugar (tercera fila), me duele la rodilla y eso me imposibilita hacer deporte. Para satisfacerme, o para engañarme, como las oreo. Total, no voy a poder entrenar…
  • Solución: En el caso del viaje, lo que tendría que hacer es bloquearme mañana dos horas de trabajo, que las tengo porque la jornada es sencilla, y planificar qué me espera en el viaje en cuestión. En segundo lugar, en cuanto a los clientes, la pregunta es: ¿cuál de las llamadas es la más importante? Dado que voy a tener que hacerlas, y como dice el libro, comerse el sapo. Planificaré la primera para mañana por la mañana, a tal hora en concreto. Para obligarme, voy a escribir al cliente y confirmarle que le llamaré a tal hora. A partir de ahí, las otras dos las haré mucho más liberado, así que creo que serán sencillas. En cuanto al tercer punto, la rodilla: ¿fisio? ¿estiramientos? ¿medicación? Pediré hora a mi fisioterapeuta, que es lo más agradecido, y en función de lo que me diga, actuamos.

Como veis, el proceso de un diagrama para solucionar problemas es muy sencillo, y en muchos casos en apenas diez minutos ordenaremos las ideas de tal manera que el problema, desmenuzado, parezca mucho más sencillo de lo que aparentemente era, y con la situación bloqueante que nos estaba generando.

Continúa haciendo lo que estabas haciendo

Por otro lado, cuando nos surjan todas esas situaciones bloqueantes, sigue haciendo la tarea con la que estabas. Os voy a poner otro ejemplo, al redactar este artículo, tengo la tendencia innata y natural de dejar la línea con la que estoy, que lo mismo me estaba costando más que las anteriores, y me subo «a revisar los primeros párrafos».

¿Qué es eso? Nuestro cerebro, que para eludir la tarea de pensar la frase perfecta que queremos poner a continuación, nos inventa otra vistiéndola de obligación. Extrapolad esto a lo que comentaba al principio: revisar el correo cuando no toca, hacer un artículo para vuestra web o levantarse a fregar los restos del desayuno en vez de enfrentarnos a una tarea que nos apetece un mojón.

Continúa, no pares, y en última instancia cogerás el hábito de «siempre terminar lo que empiezas».

Os suena la frasecita de marras de los tests psicológicos que nos hacían de pequeños, ¿eh?

Que escribas, coño

Hoy me han quitado una muela. La del juicio. La de la izquierda. Abajo. La 38, según el señor odontólogo que ha practicado la cirugía.

Que supongo que no importa un mojón pero me parecía una manera curiosa, cuando menos, de inaugurar este pantano.

No sé muy bien para qué he abierto un dominio personal en el que intentar escribir de manera recurrente (en esta frase en sí puede que esté la razón), pero no voy a plantearme mucho más allá de lo que llegue en el día. Reflexiones, pensamientos sobre el trabajo, sobre la vida, sobre el deporte y la manera que tenemos de enfrentar, lidiar y pelear con lo que nos toca a cada uno de nosotros: un día hablaré de productividad, otro debatiré conmigo mismo sobre todas las cosas que hago mal por si a alguien le sirven de ejemplo (de lo que no hay que hacer) y otras me dedicaré a contar la primera chorrada que se me venga a la cabeza y que quien me leáis os tendréis que tragar con papas.

Ya lo siento.

De una manera u otra, creo que dedicar un tiempo al día a escribir, quince o veinte minutos, es sano, muy sano: vivimos en la sociedad líquida, la del BANI mejor que el VUCA, la del corto plazo y la pérdida de atención, y en ese contexto sentarse delante de una pantalla en blanco, con la mirada fija en el promt que no para de tintinear, es la mejor manera de quedarse anclado, por un rato, a lo que hay dentro de nosotros.

Y no solo ayuda a hacer el ejercicio de introspección que de manera diaria todos tendríamos que hacer, no: también sirve para frenar en seco esa velocidad que toma nuestro entorno. ¿Quieres una vida más tranquila, sosegada, y en la que no tengas la sensación de surfear una ola de la que puedes caerte en cualquier momento? Coge el mando, frena el tiempo, escribe.

En ese impasse que dediques a las teclas, ten por seguro que lo que hay a tu alrededor irá mucho más despacio: no te preocupará si han llegado correos electrónicos, si tienes menciones en Instagram, si tienes cuatro WhatsApps pendientes de responder.

Porque, en el fondo, dedicándote ese tiempo a ti aprendes que nada de lo que pasa, y que nos han vendido como urgente, tiene realmente mucha importancia.

Como la muela. Ha pasado cuarenta y tres años conmigo y a la hora de la verdad no me ha importado una mierda que la hayan partido, fraccionado y astillado para quitármela.

Un problema menos.