Descontrol

Hablaba con Israel García, cenando el sábado, de que hay algo que tengo descuadrado y no sé exactamente qué es. Hago ejercicio de introspección, analizo trabajo, familia y ocio, y no consigo dar con la tecla.

Desde hace varias semanas, trabajando con Magaly de Siquia, nos dimos cuenta de que hacer estos ejercicios de autoanálisis son muy útiles: en la medida que estoy desordenado a nivel personal, o hay algo que me atora -sin llegar a identificarlo-, me paralizo y permito que la avalancha de emociones negativas pueda conmigo.

A nivel personal es muy útil tratar de anticiparse a los acontecimientos, a todos aquellos aspectos que nos generan ansiedad, estrés, sensaciones negativas, y creo que grosso modo, sé localizar los insights cuando corro el riesgo de enfrentarme a situaciones de este tipo.

Sin embargo, en esta ocasión no soy capaz de dar con la tecla. Creo que el maremoto de viajes acontecidos en las últimas semanas -Dallas, Kona, Nueva York en unos días-, hacen que mi cabeza esté en un plan de «ya cuando vuelvas de Valencia el próximo 4 de diciembre nos ordenamos, tú tranquilo, tú mientras tanto, tira», que no es en absoluto positivo.

El gran problema de ser tan perfeccionista es que apenas tengo espacio para el respiro. Todas las energías se emplean en que todo salga así, perfecto.

Estoy en un proceso de aprender que «muy bueno» es bastante mejor que «perfecto», porque la diferencia de esfuerzos que te supone, es abismal. Pero por el momento, cuesta adaptarse, y creo que tanto viaje, tanto «no llegar a las cosas», tanto tener que delegar, hace que mis emociones estén a la virulé.

Necesito poner todo en orden, encontrar la agenda adecuada para compatibilizar vida familiar, trabajo y entrenamientos. Y teniendo en cuenta, con todo, que por ejemplo en el segundo de estos aspectos, el laboral, estoy haciendo grandes avances en las últimas semanas. Todo aquello que comentaba en entradas anteriores sobre el desarrollo de negocio, lo estoy llevando a cabo, tejiendo relaciones y cerrando reuniones que, aunque a corto plazo no den sus frutos, puede que sí lo hagan en el medio y largo plazo.

Pero quiero encontrar cuál es ese punto que chirría, para que todo se normalice, para no tener esa sensación de «algo no me gusta» o «algo se me está quedando por el camino», que hace que esté inquieto.

Este domingo próximo corro el Maratón de Nueva York, posiblemente la prueba deportiva que más ganas he tenido, a lo largo de toda mi carrera como runner y triatleta, de hacer. Supongo que el hecho de «los nervios» que se han acumulado a lo largo de las últimas semanas, han hecho mella.

¿Estaré mejor una vez pase la prueba, y cruce la meta con garantías? Espero que sí, aunque sinceramente, tengo mis dudas. Creo que la razón última de tanto descontrol interno transciende más allá.

Seguiré, por si acaso, pensando a ver por qué ocurre.

Diego Rodríguez escucha Justo cuando el mundo apriete de Viva Suecia.
Diego Rodríguez sueña con encontrar la razón última de este desasosiego.
Diego Rodríguez no ha comido nada. Una gastroenteritis surgida ayer tiene la culpa.

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