¿Se puede no hacer actividad comercial?

En muchas ocasiones pienso que, desde que salí del banco, he dejado de hacer algo que tenía automatizado en mi jornada de trabajo: la actividad comercial.

Trabajando en banca corporativa como trabajaba, el ochenta por ciento de la jornada podía estar, perfectamente, dedicada a intentar incrementar el volumen de negocio con clientes ya existentes, y a abrir nuevas vías con otros que no lo eran.

Curiosamente, en Tilde Comunicación, o más focalizado en Planeta Triatlón, es algo que hice en el primer año -en el que ya mis ingresos dependían de su buen volumen de facturación-, pero reconozco que con el paso de los años es una área a la que he tenido la suerte de no verme obligado a dedicarle tiempo de manera efectiva.

O sí, pero de una manera que ni yo mismo me doy cuenta.

Soy consciente de que la relevancia de la revista en 2022 es muy distinta a la de 2017. Por entonces teníamos, como medio, un gran déficit frente a la competencia: otras revistas nos llevaban años de ventaja, y era labor nuestra demostrar que habíamos llegado para cambiar el status quo y demostrar que las cosas podían hacerse de otra manera.

En este contexto, sí que listé una amplia serie de empresas a las que quería darme a conocer. Ahora, viéndolo con retrospectiva, creo que no segmenté bien y disparé sin ton ni son, sin miedo a nada (llegué a reunirme con CocaCola, para que veáis la dimensión), y que de haberlo hecho en la actualidad me hubiera cuidado muy mucho de a quién contactar.

Hoy por hoy tengo la suerte de que grandes players del sector han llamado a mi puerta. Supongo que el canal de Youtube es un atractivo importante, y que, como me decía Juanan Fernández hace unos días nos preocupamos por constantemente estar actualizados con qué merece la pena contar y cómo contarlo.

No obstante, creo que, estando a principios de octubre como estamos, este año sí querría ponerme en la agenda desarrollar una estrategia comercial para 2023: decidir en qué clientes me gustaría entrar, y cómo llegar a ellos de manera natural y sin fricciones. El que sea orgánico, aunque buscado, es para mí algo clave.

¿Por qué? Pues porque básicamente en la agencia es lo que se viene haciendo: vender sin darnos prácticamente cuenta y de manera natural.

Explícate, Diego: ¿en Tilde Comunicación, qué?

Hace unas semanas, en este contexto del «no estoy haciendo actividad comercial con nuevos clientes», hablaba con Luis y Fernando de Duonex, extrapolándolo a Tilde Comunicación.

Afortunadamente contamos con una cartera de clientes amplia y relevante, que incluye importantes empresas del sector inmobiliario, fondos de inversión, administración pública, empresas industriales y eventos deportivos.

Sin embargo, en Castilla y León, donde estamos ubicados y donde generamos valor como empresa, no tenemos la sensación de tener un peso importante a nivel «conocimiento por parte del tejido empresarial». Exceptuando un par de clientes B2B, apenas contamos con bagaje.

Para ponerlo en perspectiva hay que tener en cuenta que en plantilla somos ocho personas, lo que puede ubicarnos dentro de la región entre posiblemente una de las cinco con más volumen de trabajo.

Y para recordar un momento en el que Judit o yo hayamos mandado un correo o levantado el teléfono para abrir una nueva oportunidad de negocio hay que retrotraerse mucho en el tiempo.

¿Es esto bueno? Lo dudo. Creo que toda empresa, sea del tipo que sea, ha de estar activa en de manera constante en la generación de negocio, dado que vivimos en un entorno de incertidumbre que hace que sea una responsabilidad cubrirse ante imprevistos.

Pero si me paro a reflexionar, creo que en el fondo sí hacemos actividad comercial, y mucha.

Porque tejemos relaciones, y tenemos la gran suerte de que nuestros contactos en las empresas nos referencian o, cuando cambian de empresa, quieran continuar trabajando con nosotros.

Sin darnos cuenta, creo que contamos con prescriptores de relevancia que hacen que cada año surjan nuevas oportunidades de negocio.

Me gustaría decirlo con la boca pequeña, pero por mucho que me esfuerce va a sonar pretencioso de todas las maneras: creo que eso dice bastante a nuestro favor.

Por otro lado, no vendas lo que no tienes, o lo que no eres

Judit, que siempre digo que me da mil millones de vueltas en lo que se refiere a visión empresarial, tiene una frase que define la naturaleza de cómo nos planteamos nuestro trabajo con clientes: «nos gustan las cosas a largo plazo», lo que permite que dedicándonos como nos dedicamos a los contenidos digitales, podamos ser muy francos, sinceros y humildes con ellos.

Nuestra labor es de pico y pala (sabiendo dónde picar y dónde meter la pala, está claro), de tener paciencia, conocimiento, y tratar de involucranos lo máximo posible: las empresas nos externalizan su labor de contar al mundo qué hacen y qué quieren, y eso supone que estemos muy de su lado. Ni vendemos humo, ni somos pretenciosos.

Quizás esa manera de ser, que Judit dice que es muy castellana, nos haya hecho perder oportunidades ante otras agencias -muy de Madrid, he de decir- que te venden el oro y el moro con presentaciones powerpoint preciosas. Pero entonces no seríamos nosotros, y al fin y al cabo esas cosas se notan.

El ADN es el ADN. O dicho de manera mucho más mundana, la cabra siempre tira al monte. Y por mucho humo que vendas, lo que tendrás serán clientes que te compran, se dan cuenta de que se equivocaron, y no querrán verte en la vida.

Diego Rodríguez escucha Saturday Night de Whigfield.
Diego Rodríguez sueña con darse una buena ducha al llegar a Kona.
Diego Rodríguez ha comido una hamburguesa en el aeropuerto de Maui.

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